La transmisión de energía

Desde antiguo, la transmisión de energía ha sido una manera de infundir en otra persona parte de nuestro propio campo energético, expresado en nuestros deseos de felicidad, salud y sabiduría.

Los reyes eran ungidos y marcados con el aceite cuando eran proclamados al trono; en el catolicismo se usa también al unción con aceite y la imposición de las manos para sacramentos como el orden sacerdotal, el bautismo y la confirmación; los chamanes también emplean la imposición de las manos para devolverle la salud a los enfermos y extraerles espíritus malignos a las personas.

La transmisión de energía consiste en algo muy simple, que hacemos casi a diario con mucha facilidad y que creemos carece de impacto en las otras personas.

Por ejemplo, el uso de palabras de odio, maldiciones y expresiones groseras representan un influjo negativo en el entorno: lo hacen pesado, pesimista e infructuoso. Mientras que las palabras de cortesía, decir simplemente buenos días, por favor y gracias, influyen de manera positiva en el ambiente, generando alegría, optimismo y productividad.

Para lograr una transmisión de energía positiva pon en práctica volver a utilizar un vocabulario cortés, retomando las buenas costumbres. Si no te responden (por ejemplo, en tu trabajo) no importa, sé insistente. Verás que generarás un cambio de una manera casi imperceptible aplicando éste pequeño consejo, haciendo más agradable los entornos en los que te desempeñas.

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